En honor a tantas leyes modernas

–¡Esa ley es demasiado antigua para nuestro mundo evolucionado! –gritó un senador desde su lugar.

–¡Los descubrimientos científicos nos han lanzado hasta la luna superando toda la fuerza de atracción de la Tierra! –añadió otro mientras encendía su cigarro.

–¡Nuestro mundo moderno no puede seguir apegado a paradigmas antiguos! –exclamó un tercero.

–¡En nombre de la evolución y del consenso común demos un paso adelante! –afirmó uno desde el fondo de la sala.

Estos eran los gritos en la sala del Congreso durante la segunda sesión vespertina de una agradable tarde de abril. El proyecto de ley, enfocado en cortar de raíz con la antigua ley de la gravedad, se encontraba a minutos de ser votado por los honorables miembros senadores para determinar si aún contaría con validez o se podría dar por superada.

Vencer la ley de la gravedad había sido un tema importante en los últimos años debido a que demostraba un atraso considerable en una sociedad abierta a la modernidad y que no presenta barreras a la actuación personal.

Muchas otras leyes en pro del ser humano y de su plena libertad de acción ya habían sido promulgadas y ésta venía a ser casi una guinda en la torta construida a través de generaciones.

La votación se dio sin mayores sobresaltos y al realizar la cuenta de los escrutinios el resultado fue devastador; ciento tres votos en favor de abolir la ley de la gravedad, dos votos en contra y una abstención. La euforia fue magnífica, los abrazos emotivos y los comentarios alegres. Finalmente el hombre podía superar las barreras que le ponía la naturaleza, ya no existiría la ley de la gravedad. Toda la tarde de ese día fue celebración, y por lo mismo tal vez olvidaron de ver cómo todos seguían caminando sobre la tierra, cómo los objetos no volaban dispersos y cómo la ley de la gravedad seguía rigiendo sobre la naturaleza. Hay aspectos de la creación que el hombre no puede cambiar.


Cuento tomado de Mandria y otros cuentos: 21 narraciones para reflexionar
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