La lógica de la agricultura enseña que solo se cosecha lo que se ha plantado. Si la siembra fue de papas crecerán papas, si se plantaron tomates nacerán tomates. La lógica de la Semana Santa no es muy distinta, ya que si durante la Cuaresma plantaste amor, entonces descubrirás amor, y si fue esparcido el egoísmo, brotará entonces el egoísmo.

De manera cristalizada reflejan esta realidad dos de los discípulos de Cristo; Judas y Pedro.

Judas. ¿Cómo es posible que un hombre que dejó todo esté poniendo precio a la cabeza de Jesús? Probablemente durante las últimas semanas se desilusionó del Maestro. Tal vez esperaba un ejército de ángeles que destruirían a los romanos, quizá su corazón deseaba algo de dinero para ayudar a los menesterosos (y de paso llevar algo de la bolsa común al propio bolsillo), o puede ser que buscaba que Cristo fuese proclamado rey en el lugar de Herodes. Judas creyó en la figura humana poderosa, sembró las ilusiones del poder terrenal, y dejó que su corazón se fuera tras esa imagen. Sembró odio a los romanos, sembró amor desapegado a las riquezas, sembró la idea de tener un cargo importante en el nuevo reinado. Sembró su egoísmo, y el que planta egoísmo encontrará sólo egoísmo al momento de la cosecha.

Pedro. ¿Cómo es posible que el primer papa niegue conocer al Maestro que lo llamó y al cuál acompañó durante tanto tiempo? Probablemente el miedo a la muerte y al sufrimiento hicieron que brotase una respuesta primaria de no conocer a Jesús, y luego confirmara su supuesta ignorancia otras dos veces. Pedro aún no había comprendido del todo que sería verdad lo del sufrimiento y lo de cargar la cruz. Pero en su corazón sí había sembrado amor hacia Cristo. Pedro cultivó, con esmero y tesón, su voluntad de seguir a Jesús hasta la muerte si fuese necesario. Pedro deseaba ir por ciudades y caminos anunciando a Jesús y su mensaje. Por ello cuándo llegó el momento de la prueba, aunque vaciló y cayó, inmediatamente reconoce lo que hizo. Cruza su mirada con la de Cristo y sale a llorar amargamente, pero con una esperanza que no duda del perdón de Jesús. ¿Cómo lo hizo? Porque sembró amor durante su vida, amor de conocer, entender y tener un trato personal con el otro, y el que planta amor encontrará amor al momento de la cosecha.

Por eso en este día, antes de entrar en el Triduo Sacro, preguntémonos, ¿qué he sembrado dentro de mi durante el año, durante la Cuaresma? ¿Qué dará la cosecha de mi vida?


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