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Llevamos semanas sin asistir físicamente a clases. Sin embargo los estudios siguen su ritmo y los profesores inventan métodos para transmitir el conocimiento a través de pantallas, correos electrónicos y trabajos escritos. Por ello las neuronas, al menos en teoría, siguen trabajando y realizando sinapsis a la misma velocidad.

Pero no todo es estudio en tiempos de confinamiento en casa. En el horario diario existen varias actividades no programadas que tomaron el lugar cotidiano entre medio de los libros. Estas nuevas materias marcan la pauta de la otra universidad, y son ramos que enseñan contenidos que no vendrán nunca evaluados, y que mucho menos recibirán una titulación o algún diploma por la perfección y constancia con la que vengan realizadas.

Llamar al abuelo y escucharlo largamente, revisar fotos y grabaciones de la infancia con otros miembros de la familia, compartir tranquilamente el espacio con las mismas personas todo el día, y otras decenas de actividades, además de las normales de un hogar y que dependen de la situación de cada uno, llenan las horas del día. Son pequeñas asignaturas que cubren el curriculum de la otra universidad. Y en estas materias las calificaciones son de asignación directa en la sonrisa o en la desilusión de los que viven bajo el mismo techo.

La otra universidad empieza al momento de abrir los ojos y no termina sino hasta el momento de volverlos a cerrar en la noche. El ritmo de las nuevas clases lo da la usual campana que va cambiando de llamadas de teléfono, al correo que llama a la puerta, luego al sonido del horno con la comida y en la interminable hilera de mensajes que llegan al celular.

Es la universidad del día a día, la que está formando a todos aquellos que permanecen en su casa por la cuarentena. La universidad que entrega conocimiento de uno mismo, paciencia ante la adversidad, alegría en las cosas sencillas, fortaleza ante lo cotidiano, realismo de lo caduco, sabiduría de la existencia, prudencia en la ignorancia y gratitud por lo recibido.

Es la otra universidad, que en realidad siempre ha estado allí, pero que vuelve a tomar protagonismo y anhela volver a enseñar aquellos valores que con la velocidad y el pragmatismo de la sociedad habían quedado fosilizados en la vida de tanta gente.

1 Comment

  1. mdelatorre@legionaries.org'
    Padre Miguel Angel de la Torre Reply

    Felicidades, H. José Pablo! me ha gustado su artículo! Dios lo bendiga.

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