Cristo sube a los cielos mientras los buenos discípulos lo siguen con sus ojos, como queriendo extender su propia persona e irse tras Él. Una vez que desaparece de sus vistas, se quedan atónitos sin poder apartar la mirada. A veces nos sucede durante el día que cuando nos concentramos en algo, sin darnos cuenta, miramos al cielo para evitar cualquier distracción… y así nos esforzamos por alcanzar con nuestra mente lo que buscamos. Si hay algo que caracteriza a los apóstoles después de la resurrección es un creciente deseo de entrar en unión con Dios, con esta nueva condición que aparece a sus ojos. En este momento parecen no haber más distracciones que los separe del aferrarse al inmenso amor de Jesús.

Sin embargo, Cristo enseña a los apóstoles el modo de alcanzar su deseo. Nos ocurre también a nosotros cuando emprendemos nuestra vocación, matrimonial o en la vida consagrada, que después de nuestra celebración o profesión, no somos arrebatados a la plenitud de lo que esperamos. El Señor nos deja en la cotidianidad, y nos invita a recorrer juntos un camino donde se deja que la gracia de Dios actúe, nos precede, nos acompaña, nos socorre. Aprender a dar tiempo a la acción de Dios en mi propia humanidad; de crecer.

Así, los apóstoles van a recorrer ahora un nuevo estado de su camino al Señor. Vendrán gozos, dificultades, conflictos, soluciones, apostolados, conversiones, rechazos, lágrimas, frutos, crucifixión. ¡Cómo en nuestra vida! ¿Lo hermoso? Que es justo ahí donde la gracia va creciendo en nuestra humanidad, nos va configurando con Cristo. ¿Y entonces? Al final, vemos cumplido – por el camino de Dios, siempre más pleno y hermoso– nuestro original deseo. «Es necesario que a través de muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios» Sí, a veces llega la tribulación. Y mucha veces con ella también la liberación, la gracia demuestra todo su esplendor, y la acogida generosa que une al Señor nos demuestra en el interior cuán más cerca podemos estar después de ella en el seguir al Señor en su ascensión.

Él es nuestro cielo y a Él vamos cuando en el corazón y en el día a día lo buscamos.


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