Este domingo volvemos a entrar en el corazón de los discípulos que durante este periodo pascual recuerdan una y otra vez las palabras del Señor en la última cena. Nos sucede también a nosotros cuando hemos vivido momentos difíciles de asimilar… traemos de nuevo a la mente gestos, palabras, miradas… tratando de revivir, entender más, valorar… más aún cuando llegan las dificultades.

¿Qué recuerda hoy san Juan? «Si me aman guardaran mi palabra». Es una frase compleja, difícil de entender. Nos puede ayudar mucho la experiencia que hacemos cuando alguien nos dice: «¿Cuándo nos vemos? ¡Tengo ALGO que decirte!» Piensa un poco… ¿cuántas son  las personas que conoces que tenga ALGO que decirte… que deseen VERTE… compartir ALGO…? ¿Cuándo fue la última vez que viviste esta experiencia de ir al encuentro de alguien para escuchar ese ALGO que tenía que decirte, con qué actitudes fuiste? Esa experiencia nos muestra muy bien la relación de san Juan con Cristo. Para él, Cristo [en su Sagrario] siempre tiene ALGO que decirnos. Tanto y tan bueno: «No llores» , «Descansa un poco», «¿Quién soy yo para ti?», «Como el Padre me ama, así te amo yo»…etc. Y en esa Palabra se nos da Él mismo. Todos podemos experimentar esto en nuestro interior.

Hemos entendido mejor lo que significa «…mi Palabra». Ahora, esa palabra hay que guardarla en el amor. Como María en Belén acunó en sus brazos al niño Jesús o también al bajarlo de la Cruz. ¡Atentos que dice el amor! Y el amor es… concretísimo. Nadie ama de verdad por las nubes ni en ideas… sino en las cosas concretas. El Papa Francisco dice que el amor “nace del corazón para llegar a las manos. Cuidar con cariño a un amigo, pasar tiempo con él, mandar un mensajito a alguien que lo necesita, dar algo de esperanza y apoyo, decir las cosas con cariño y bondad, salir al paso con creatividad… ¡con locura y alegría… con libertad! Cuántas veces hemos estado cansados, vamos al Sagrario, recibimos consuelo y luego salimos al paso de nuestros hermanos cansados con un fuerte abrazo. Y he aquí el centro del mensaje: este amor cultiva la Palabra, la hace fructificar, la lleva a su plenitud… más aún, más aún: TRANSFORMA EL MUNDO, no en abstracto sino el que nos rodea.

Desde aquí se entienden las otras lecturas de este día. La fuerza del “custodiar con amor la palabra” que en la primera lectura transforma la discusión en armonía, novedad, unión de corazón (¡léela y descubre la diferencia entre la Palabra de Cristo y la palabra de los hombres!); y la segunda lectura que nos describe una ciudad construida en base a esa Palabra…¡Qué hermosa ciudad!. Entendemos ahora mejor a san Juan, que comienza su evangelio diciéndonos «en el principio existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios; además la Palabra era Dios». ¡Para él la Palabra era CRISTO MISMO! ¿Has visto como en la última cena se le representa tan concentrado oyendo a Cristo… con la oreja colocada en el corazón? ¡Cuánto se aman: Cristo y san Juan!

¡Volemos hoy al Sagrario! ¡Recibámoslo a Él en su palabra, acunémoslo y llevémoslo a nuestros hermanos!¡Qué crezca en nosotros el amor!


Imagen de Denis Doukhan en Pixabay