Simbología cristiana

La búsqueda del Invisible en lo visible

Una luz de un semáforo que nos “dice”: detente; un gesto de un ser querido que nos “muestra” su aprecio y cariño; un día soleado que nos “llena” de alegría o una esquina llena de basura que nos “causa” indignación. Los símbolos son parte de nuestros días, expresiones de eventos reales que llevan consigo una carga interior que nos “trasporta” a un significado mayor.  Desde tiempos muy antiguos el ser humano recurrió a los símbolos para transmitir un mensaje “no contenible” en palabras, por la grandiosidad y complejidad de su mensaje personal; y más adelante el cristianismo considerando el mundo como una creatura de Dios, animada por su Espíritu, supo percibir en las cosas creadas, una auténtica huella del creador. 

Hoy más que nunca se percibe una sed del hombre de buscar el sentido de estos monumentos que nos rodean, como si hubiese llegado a nosotros a modo de testamentos indescifrables, que más allá de su belleza externa, esconden un mensaje encriptado: trata de nuestros padres, quiénes eran, qué sostenía sus vidas, qué habían vivido, qué deseaban transmitirnos… 

Esta serie de artículos busca comenzar un camino interior, que nos ayude a ampliar la vista y, con ella, el corazón. Un camino de búsqueda del Invisible en lo visible. Está basada en una bibliografía, de quienes tienen todo el mérito de haber estudiado a fondo este sendero escondido. De mi parte, sólo unas pinceladas, resúmenes, intuiciones no completadas. Toda la gloria a Aquél que nos ha hablado por medio de su Palabra y que no escatima medios para llevarnos al abrazo definitivo lleno de gestos de infinita Misericordia.

El Hijo de Dios: Anunciación, visitación y nacimiento 

La encarnación es el símbolo concreto de la salvación de Dios. Dios invisible se hace visible, la gran novedad cristiana que celebra el misterio de un Dios que se hace hombre, cercano, que pasa de ser el Ser espiritual totalmente trascendente, cuyo nombre aun siendo revelado era impronunciable, a un niño en el seno de la Virgen María. Desde ese momento, la mayor teofanía era accesible a los hombres: la encarnación de Cristo, hecho histórico que simboliza la presencia de Dios en este mundo y su amor por el hombre.  

La imagen de la encarnación ha sido representada desde los primeros siglos por nuestros padres en la fe. Inicialmente en las catacumbas y posteriormente en los lugares de culto. Entre ellas, La Virgen María Madre con Cristo niño – que significa la presencia de Cristo en la Iglesia y su encarnación real como evento histórico. La Virgen en oración sola o recibiendo la llegada del mensajero divino, que simboliza la espera del orante, la acogida y la disponibilidad del cristiano al plan divino. La famosa imagen del nacimiento de Cristo, que catequiza sobre las circunstancias sencillas y pobres propias del cristianismo. El encuentro de las dos madres en estado de embarazo, demostrando la novedad de la salvación Dios en la imposibilidad humana, el contexto de una Virgen y una anciana, además del contexto de la caridad cristiana. (Cf. Siglo III, María con niño, Catacumba de Priscila; Siglo IV, María orante con Jesús niño, Cementerio Mayor; Siglo VI, Anunciación a María, Basílica Eufrasiana Croacia; Siglo VI, Visitación, Basílica Eufrasiana Croacia; Siglo IV, Nacimiento de Cristo en sarcófago, Roma).

Desde el medioevo se ilustra en alto a Dios Padre, que hace descender una paloma junto a un rayo de sol, con referencia a la luz. Muestra la acción del Espíritu portador de la vida. En ocasiones la Virgen lo recibe en un trono, simbolizando su realeza; a veces se encuentra en la cercanía arcos con imágenes del espacio y del tiempo para simbolizar la importancia del evento cristiano. María representa el tiempo, el ángel la eternidad, de ahí que la imagen del ángel hacia María simboliza la entrada de la eternidad en el tiempo. María, vista como un huerto cerrado cuidado por Dios, suele endosar vestidos de flores. Ella es el nuevo Edén que Dios comienza a cultivar. En ocasiones se presenta un lirio, imagen de Cristo, en un vaso, el vientre de María. Los brazos recogidos de María demuestran su acogida y custodia del Misterio.  

La Visitación encuentra en el medioevo un desarrollo, en ocasiones se ve a Elizabeth de rodillas, en signo de adoración a Cristo. En ocasiones se ve la unión de ambos ojos, de la Virgen y de Elizabeth, imagen de la unión de sus almas. También, la simbología ve en el ojo y la pupila, la imagen del niño en el vientre de su madre, al unirse muestra su comunión en esta participación de la misión divina.  

El nacimiento a su vez es simbolizado por una estrella, como una luz que brilla en medio de las tinieblas. La estrella brilla desde lo alto, desde Dios Padre. En algunas ocasiones aparece el nacimiento en una gruta, lugar interior de la montaña, lleno de misterio e intimidad. Cristo nace en una gruta y es sepultado en una tumba escavada en la roca, como referencia a su contacto real con la tierra, o símbolo del interior de la persona humana. El niño yace en el suelo, como imagen de un altar, para prefigurar a Cristo ofrecido la Misa. Más adelante, los fieles se inclinaron por la ternura de ver al niño en los brazos de María, como imagen del amor cristiano. Los pastores representan a los hebreos y los Magos a los gentiles, incluidas todas las razas de la tierra (Cf. Filipo Lippi, Anunciación Doria (1450); Giorgione, Nacimiento de Jesús (1505)).

Dos iconas de arte bizantino se nos presentan cargados de simbolismos, ambos de Andréi Rubliov. La actitud meditativa se hace presente al estar la Virgen sentada en cercanía de un libro de la Escritura; en caso de encontrarla de pie, refleja la espera. En algunos iconos se observa a lo alto la divinidad que da la orden al ángel. Sin embargo, toda la fuerza simbólica la observamos en la icona de la natividad. En ella se muestra la montaña mesiánica, que trasciende, y su doble naturaleza, divina y humana, representada en las dos cimas. Ángeles, reyes y pueblo, representan el centro del anuncio cristiano a toda la humanidad que ha visto ahora una gran luz. María Santísima aparece fatigada, cansada, llena de sufrimientos de parto, vestida de un púrpura oscuro de un amor probado. Cristo aparece prefigurando su muerte, con la que nos dará la vida; imagen reforzada con el símbolo del bautismo en la parte inferior derecha. José aparece apoyado en un bastón delineando la actitud del hombre ante tan grande misterio, tentado por una ser pequeño que quiere introducirlo en la duda.


Bibliografía

  • Ladner Gerhart, Il simbolo paleocristiano, Jaca Book, Foligno 2008.   
  • Rees Elizabeth, Simboli cristiani e antiche radici¸ San Paolo, Milano 1994. 
  • Cocagnac Maurice, I Simboli Biblici, EDB,  2012.
  • Anciconfraternità dei SS. Ambrogio e Carlo, Le virtù in simboli, Roma 2006.