De la tierra al cielo  

Creado por Dios, el árbol es el símbolo de la vida en el mundo. Incluso en las zonas más recónditas de las carreteras se ven brotar pequeñas hierbas, que demuestran la potencialidad de esta vida, que crece y se prolifera, en un continuo nacer y renacer.  

Desde edad muy antigua el árbol, que penetra hasta el centro de la tierra y extiende su tronco a las alturas, se relaciona con el esfuerzo de subir al firmamentoEl intento de tocar el cielo y tender hacia él, le da al árbol un concepto simbólico de sabiduría, de reflexión, de meditación; incluso el ser humano bajo el descanso que le proporciona con su sombra del calor del sol, puede elevar su espíritu considerando en silencio el sentido de su vida, abrirse a la pregunta de su origen y destino, como si su pensamiento subiera rápidamente por las ramas. En la lengua hebraica se construye el verbo aconsejar (לייעץ) utilizando la raíz etimológica de árbol (-עץ), para simbolizar que debajo de ellos se tomaban decisiones importantes. Por esto mismo, los bosques eran considerados lugares misteriosos y sagrados, hasta el punto de utilizar “el estilo selvático” en la construcción de templos, bosquetes artificiales simulados por agrupación de columnas, que suelen concluir en sus capiteles con detalles de ramas y hojas. 

El hombre también es paragonado algunas veces con el árbol, por tener las raíces en la tierra de la humanidad, aspirar a la eternidad y portar los frutos de sus obras. De entre estas últimas, las más importantes son los hijos como queda reflejado en los árboles genealógicos. Es un tema muy común en arte el símbolo del árbol de Jesé (S. XI), ligado a la genealogía de Jesús, que hace referencia al Plan de Salvación que Dios suscita por su gracia de la vida ordinaria de los hombres. Así, se nos presenta el árbol como la reflexión, el pensar en la serenidad, la búsqueda de la superación, la filosofía, la ciencia, el conocimiento.

De aquí que, en ámbito cristiano, Cristo en la cruz es la representación por excelencia del árbol. Él es la verdad misma, lleva a cumplimiento la unión del hombre con Dios, nos otorga los frutos de la redención y a su sombra el hombre puede encontrar consuelo, paz y estímulos de amor en su vivencia terrenal. El árbol de la Cruz se relaciona directamente con el árbol del génesis, donde el hombre por su propia iniciativa y desatendiendo la advertencia divina, decidió por sí mismo “el bien y el mal” para intentar hacerse un dios. Por ello, debajo de la Cruz suele colocarse con frecuencia un cráneo que simboliza la muerte vencida por Cristo y se recuerda la promesa hecha al buen ladrón, como la nueva apertura del paraíso perdido. Este evento constituye en nuevo eje del mundo por lo que elas iconografías se muestra la barca de la Iglesia  conducida por el mástil del árbol de la Cruz (Cf. Símbolo del último año de la Fe).  

Árboles específicos  

La Sagrada Escritura utiliza un alto lenguaje simbólico para algunas especies arbóreas. Entre ellas,

  • La higuera, presente desde el inicio de la Biblia, es el árbol que genera una amplia sombra y sirve de descanso al hombre mediterráneo, además que otorga dulces frutos. Simboliza la reflexión, la oración, el temor de Dios, la búsqueda en el interior. Adán y Eva cubren su desnudez – su debilidad – con sus amplias ramas. Natanael es visto debajo de él, posiblemente en el silencio de su oración por la llegada del Mesías. Cristo maldice la higuera que no lleva frutos, como mensaje de que nada sirve la fe y el conocimiento sin obras (Sant 2,14-17).  
  • La palma, por su fuerte resistencia en la tempestad es símbolo de la victoria, usado en este sentido en las manos de los mártires. Ellos han permanecido unidos a Cristo y fieles a su amor a pesar de los arrebatos de odio de los que son víctimas, y demás sufrimientos que reciben hasta de sus más íntimos.  
  • El olivo, es símbolo de la consagración, por el aceite que emana, y de la paz, como reconciliación del Dios con el hombre (Sal 52). Terminado el diluvio universal, Noé envío una paloma que regresó con una rama de olivo en su pico. Los salmos refieren a vivir como un olivo verde en la casa del Señor, consagrados a Él día tras día. Salomón hizo construir el Santo de los Santos con madera de olivo. Cristo mismo, el Ungido, oró bajo sus ramas, buscando consuelo para su alma en la noche de la gran tribulación, meditando en la Voluntad de su Padre, consagración y reconciliación. 
  • Los árboles majestuosos como el cedro y el ciprés simbolizan la grandeza. Sin embargo esta majestuosidad puede ser efímera y objeto de la purificación del Señor, que humilla al que se enaltece. El sauce, sin embargo, demuestra la necesidad del agua para poder sobrevivir, hermoso simbolismo en el contexto del exilio cuando los deportados a Babilonia cuelgan en sus ramos los instrumentos musicales mientras bañaban las raíces de este árbol con sus lágrimas (Sal 137).  
  • El almendro, símbolo de la vigilancia por ser el primero que percibe el cambio de estación, aun cuando las condiciones climáticas no lo demuestran. En el Pentateuco se dice que los candelabros deben tener forma de almendro. Esta vigilancia también se interpreta como la acción protectora de Dios sobre su pueblo (Jer 1, 11-13).

Así, el árbol constituye en verdadero símbolo cristiano que nos recuerda con su presencia la búsqueda que toda la creación hace de su Creador… en un continuo moverse de la tierra al cielo.