Cupido podrá sonar extraño para una solemnidad de la Iglesia. ¿Quién es Cupido? En la mitología romana Cupido es el Dios del deseo amoroso,  hijo de Venus y de Marte. Pero, ¿qué tiene que ver con la fiesta de Pentecostés?

Las Constituciones de la Congregación de los Legionarios de Cristo ponen, en el número 13, tres actitudes delante del Espíritu Santo que debe cultivar cada legionario. Primero: “cultiven”. Segundo: “pídanle”. Tercero: “docilidad”. Es decir: cu-pi-do.

En primer lugar dice el texto, “cultiven una relación íntima con Él”.  Quiere decir que cada hombre, cada religioso, tiene que experimentar al Espíritu Santo de una manera cercana, con gestos de confianza, de una manera tan próxima como lo haría con alguien de su propia familia como con su madre, padre o hermano. Tratar de un tú a tú, como se hace con el mejor amigo. Esta relación hay que cultivarla, es decir, poner el arado de la oración al hombro y comenzar a cavar surcos para luego sembrar y esperar los frutos a su tiempo. ¿Si la tierra no se planta, cómo dará frutos?

En segundo lugar las constituciones nos explicitan, “pídanle sus dones y el incremento de las virtudes teologales”. La invitación es clara: pedir al Espíritu Santo sus dones. Como confirmados ya tenemos dentro de nosotros estos dones, pero ¿no será que a veces nos cuesta vivirlos?, ¿nos cuesta darnos cuenta del poder efectivo que ejercen en nuestra vida? El santo temor de Dios que nos da un sexto sentido para cuidar nuestra vida de gracia. La piedad que nos inculca verdaderas relaciones con Dios, con los hombres y con la Creación. La ciencia que nos permite entender la causa última de todas las cosas. Consejo para ayudar en la dirección espiritual a los que vienen a nosotros. La fortaleza que nos permite caminar siempre adelante sin tener miedo al peligro. Inteligencia para poder leer dentro de las cosas. Sabiduría para poder saborear el verdadero gusto divino de las cosas. Y dígase lo mismo con el incremento de las virtudes teologales. Fe para estar firmes, esperanza para caminar con tranquilidad, caridad para reflejar el amor del Padre.

En tercer lugar nos dice este número, “sean dóciles a sus inspiraciones para caminar fielmente por el sendero de la voluntad de Dios”. Docilidad, palabra sencilla de pronunciar y titánica de secundar. Virtud que no dice ser débiles sino moldeables. No seres frágiles sino dispuestos a cambiar. No títeres de la brisa sino veleros que dejan llenar sus velas por el soplo del Espíritu Santo.

Por eso en esta fiesta que nos recuerda quiénes somos y quién es nuestro gran compañero, recordemos a cu-pi-do. No el dios mitológico del amor, el hijo de Venus y de Marte, sino el cu-pi-do que nos trae a la mente las tres cosas que hay que hacer frente al Espíritu Santo: cultivar, pedir y docilidad.


Imagen: Edgar Henríquez, LC / Cathopic.com