(Tomado de Misericordie Vultus, Catequesis, Catecismo, Biblia, Dives in Misericordia)

Y entonces ¿cómo se entiende la misericordia en la Iglesia?, ¿acaso no la Iglesia condena a todos los pecadores?

– Te explico; la Iglesia hay que entenderlo como sacramento, o sea la Iglesia es la reunión de todos los creyentes con la presencia, aquí y ahora, de Jesucristo.

¿Qué?

– La Iglesia es el Cuerpo Místico de Cristo, y por ello muestra la misericordia de Dios hacia los hombres, hacia los pecadores. La Iglesia anuncia que existe un Dios que ama.

¿Y en palabras más sencillas todavía?

– Es una medicina de la misericordia. La Iglesia sana, acoge, recibe a todos los que están lejos y perdidos.

¿Y cómo lo muestra?

– Una de las maneras más habituales en el último tiempo está en el Sagrado Corazón de Jesús, o en la Divina Misericordia, que se hacen ejemplos concretos de su amor, son íconos de la misericordia. Pero es más que solo mostrar, es celebrar.

¿O sea?

– Que la Iglesia va más allá de solo enseñar, busca llegar a que cada persona pueda encontrarse realmente con Dios en los sacramentos.

O sea de la comunión y de la confesión…

– Así es, y son sacramentos con un significado muy profundo y trascendente para los que lo entienden y lo viven.

La Misa sí es algo bonito, pero no hay que exagerar tampoco…

– Creo que ves algo, pero puedes ir más a fondo, la Misa, la comunión, es estar con Dios, con el Creador. Es recibirlo dentro de manera absoluta.

¿Y la confesión?

– La confesión, así de manera sencilla, es un abrazo con el Padre. Es abandonarse al perdón total.

¿Así no más?

– Si tienes fe, sí.

Pero tantas veces no siento nada. Soy alguien bueno que no mata a nadie, cuido a mi familia. ¿Para qué tengo que ir delante de otro a decir mis faltas, que son tan pequeñas?

– A veces puede ser más fácil en la “conversión extrema”, o sea, sentir la misericordia de Dios por un cambio radical de vida. Pero te puedo asegurar que incluso cuando te arrepientes de cada pecado, incluso las faltas más sencillas, entonces vuelves a caer en los brazos de Dios.